Amor por la Palabra.

La palabra es un tesoro que nos muestra la relación de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo con la humanidad. Las escrituras revelan la mente y corazón de Dios, produciendo la transformación integral del hombre. 

El escritor del libro de Hebreos inspirado por el Espíritu Santo hace una poderosa declaración acerca de la palabra de Dios. «Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta.» He. 4:12-13 

El hombre sabio y prudente amará la palabra, escudriñando, atesorando y deleitándose en ella de día y de noche. El Señor Jesús expresó: «El que no me ama, no guarda mis palabras; y la palabra que habéis oído no es mía, sino del Padre que me envió.» Jn 14:24. 

Así que amar a Dios implica: 

  1. Escuchar: prestar atención a aquello que se oye, atendiendo a las instrucciones, avisos y consejos de la palabra de Dios. 

  2. Guardar: depositar, registrar en la mente y el corazón la palabra de Dios, meditando en lo que hemos recibido. 

  3. Obedecer: la fe sin obras es inerte por esto es necesario actuar conforme a la instrucción que estemos recibiendo de Dios.   

El verbo se hizo carne.

El apóstol Juan nos deja ver una perla preciosa: Jesucristo es Dios, el Verbo que estuvo en el Padre desde antes del principio. «En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios.Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella.» Jn 1:1-6  

El Verbo, la palabra de Dios, se hizo hombre y manifestó su Luz y la salvación de los hombres. «Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.» Jn 1:14. El Verbo, el Logos hizo un tabernáculo, fue la habitación del Dios viviente en la tierra. 

Desde el punto de vista gramatical el verbo en una oración expresa: acción, movimiento, existencia, consecución, condición o estado del sujeto. Así mismo el Señor Jesús expresa la acción de Dios en medio de los hombres. Ver la vida de Jesús es observar la majestuosidad, esplendor y sabiduría de la palabra de Dios caminando entre los hombres. Es imposible conocer a Dios Padre sin antes ir a Jesucristo. 

La Palabra es vida y espíritu. 

Jesús enseñó a sus discípulos diciendo: «El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida.» Jn 6:63. 


Las palabras que expresaba Jesús producían vida porque era la Luz de Dios manifestada entre los hombres, disipando las tinieblas y restaurando todo a su paso. 


Escuchar, creer y vivir la palabra del Señor Jesús es garantía de vida eterna, porque ellas manifiestan la vida de Dios entre los hombres. «De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.» Jn 5:24. 


Los hijos de Dios estamos llamados a permanecer en su palabra: «Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho.» Jn 15:7. 


Por lo tanto, la invitación es a experimentar la vida de Dios a través de sus palabras en acción, se trata de una relación continua con el Creador.   

La Palabra es el alimento. 

El libro de Mateo narra que Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto y después de cuarenta (40) días de ayuno satanás le tentó pidiéndole que convirtiera las piedras en pan. 

 

«Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. El respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.» Mt. 4:3-4. 


El Señor Jesús manifiesta la importancia de la palabra de Dios como el alimento que nutre la vida de los hijos. Es importante mencionar que todo ser humano para crecer requiere alimento, cuidado y amor. La palabra de Dios es el alimento que nos da los nutrientes necesarios para poder experimentar un crecimiento en Dios. 


Hay tres (3) etapas en el crecimiento que se pueden evidenciar de forma clara en las escrituras:  


  1. El niño espiritual: 

Inicia en el momento en que nacemos del agua y del Espíritu, se requiere  de un alimento fácil de digerir, la leche no adulterada de la palabra, como un niño recién nacido requiere de mayor cuidado y atención, así mismo; los bebés espirituales necesitan acompañamiento para afirmar sus pasos en Cristo Jesús, enseñándoles a identificar la voz del Espíritu Santo quien le guiará a toda verdad. 


«Desechando, pues, toda malicia, todo engaño, hipocresía, envidias, y todas las detracciones, desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación»  1P 2:1-2. 


  1. El Joven: 

Una vez que se conocen algunos principios básicos y que han sido afirmados en los primeros pasos en Cristo, continúa el crecimiento, es importante fundamentar la vida en Cristo, el Verbo, la Roca inconmovible, manifestar la vida del Espíritu, para tener mayor entendimiento y comprensión del Padre.  


El Señor experimentó el proceso de crecimiento natural y espiritual cuando vino como hombre, el evangelio de Lucas nos dice: «Y Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres.» Lc. 2:52. 


Tal como el Señor experimentó un proceso de crecimiento continuo, acompañado por su familia, así todo aquel que ha nacido de nuevo, requiere del alimento conforme a su nivel de crecimiento en la casa ministerial donde Dios le permite crecer.  


  1. Adulto. 

Es un hijo de Dios que ya inició su madurez en Cristo Jesús, que se manifiesta por dar mucho más fruto y un carácter más firme en relación a la obediencia a los principios del reino de Dios escritos en su palabra. En esta etapa se persevera en el servicio a Dios y experimentamos una expansión de los sentidos espirituales para la edificación del cuerpo de Cristo.  

El alimento sólido es para los que han alcanzado madurez. 

En esta etapa se desarrollan los dones en el servicio a Dios manifestando la razón por la cual hemos sido creados. Así que es momento de dar alimento sólido que le permita alcanzar la madurez en Cristo. 

El autor Hebreos expresa: «Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido. Y todo aquel que participa de la leche es inexperto en la palabra de justicia, porque es niño; pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal.» He. 5:12- 14

El alimento sólido es para aquellos que tienen los sentidos ejercitados, es decir que están en una práctica constante en el discernimiento del bien y del mal. 

El apóstol Pablo escribió a los Corintios: «Os di a beber leche, y no vianda; porque aún no erais capaces, ni sois capaces todavía» 1 Co. 3:2. 

Cuando la oveja come correctamente la palabra, es cuando comienza a haber separación en distintas áreas: relacional, emocional, cultural, entre otros aspectos. Se practica continuamente lo expresado en la carta a los corintios: «Todo me es lícito, pero no todo conviene; todo me es lícito, pero no todo edifica.» 1Co. 10:23 


Nuestro consejo: ama la palabra de Dios, es un buen tiempo para escudriñar, atesorar y deleitarte en ella de día y de noche. 


Para mayor información ver las citas bíblicas: Mateo (Mt.) 4:3-4; Lucas (Lc.) 2:52; Jn (Juan) 1:1-6; 1:14; 5:24; 6:63; 14:24; 15:7; 1 Corintios (1 Co.) 3:2; 10:23; Hebreos (He.) 4:12-13; 5:12- 14; 1 Pedro (1P) 2:1-2.