Separación Genética Emocional.

«y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación.» Ap. 5:9 


En el libro de Apocalipsis o revelaciones de Cristo, encontramos un texto que nos habla acerca del precio que Jesús pagó para rescatarnos de todo linaje, lengua, pueblo y nación. En otras palabras, hizo un cambio profundo en nuestra genética.


Pero, ¿Qué es la genética? Es el campo de la biología que busca comprender la herencia que se transmite de generación a generación. La palabra genética proviene del griego y hace referencia a lo que origina o genera, lo que engendra o crea, también se asocia con el nacimiento, la raza y el origen.  


En los últimos años la genética ha observado las células y la transmisión de características biológicas, físicas y psíquicas. 


Así como desde el punto de vista físico se transmite una herencia genética, ocurre un proceso similar en lo espiritual. 

Redimidos de toda lengua, pueblo y nación. 

Por esta razón se nos revela que Jesucristo nos ha redimido de todo: 

  1. Linaje.

  2. Lengua. 

  3. Pueblo y Nación. 


¿Qué es el linaje? Es la línea de ascendencia o descendencia de una familia, algunos consideran que es la línea paterno o materno filial que va uniendo a cada persona dentro de un árbol genealógico. 


¿Qué es la lengua? Hace referencia a la forma que se expresa una persona con el resto. El principio de las relaciones humanas radica en la comunicación. 


¿Qué quiere decir pueblos y naciones? apunta a la cultura: ideas, mentalidad, tradiciones y costumbres. 


En las escrituras podemos apreciar que tanto el linaje, la lengua y las culturas del hombre se vieron distorsionadas por el pecado de Adán que trajo separación con Dios. 


El apóstol Pablo inspirado por el Espíritu Santo mostró la condición del hombre que hereda una naturaleza espiritual de iniquidad, maldad, injusticia y muerte.


«Pues si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia. Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida. Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos.» Ro. 5:17-19. 


El hombre se encontraba en un estado de deterioro y necesitaba con urgencia ayuda. «Sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia.» 1Co. 1:25-29


Dios creó al hombre a su imagen y conforme a su semejanza, cuando el hombre desobedeció cayó en una condición despreciable, inservible, por esto la necesidad de una intervención, una ruptura de la cadena de maldad que se había transferido de generación en generación; es decir, una separación genética y emocional. 

Rescatados de la vana manera de vivir. 


El apóstol Pedro también nos habla del rescate de Jesús. «Sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación» 1P 1:18-19


Los padres no sólo transfieren rasgos físicos o aspectos biológicos también heredan condiciones espirituales, emocionales y conductuales; por esto la necesidad de soltar las cadenas de iniquidad y aceptar el rescate pagado por Cristo. 


Jesús mientras estuvo en la tierra no se aferró a la herencia de Maria, José y sus hermanos, por el contrario él siempre se identificó con hacer la voluntad de su Padre. 


«Cuando lo oyeron los suyos, vinieron para prenderle; porque decían: Está fuera de sí.» «Vienen después sus hermanos y su madre, y quedándose afuera, enviaron a llamarle. Y la gente que estaba sentada alrededor de él le dijo: Tu madre y tus hermanos están afuera, y te buscan. El les respondió diciendo: ¿Quién es mi madre y mis hermanos? Y mirando a los que estaban sentados alrededor de él, dijo: He aquí mi madre y mis hermanos. Porque todo aquel que hace la voluntad de Dios, ése es mi hermano, y mi hermana, y mi madre.» Mr. 3: 21; 31-35


La actitud de Jesús no fue la de congraciarse con su familia, él dijo: mi madre y mis hermanos son los que hacen la voluntad de Dios. También expresó a sus discípulos: «El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí». Mt. 10:37. 


El mensaje central de Jesús en cuanto al linaje y a la herencia espiritual fue muy claro, se desligó de todo aquellos que le impidiera hacer la voluntad de Dios Padre. 

Cambio de mentalidad. 


¿Cómo podemos renovar nuestras vidas de todo linaje, lengua, pueblo y nación? 


Jesucristo pagó el precio total por la humanidad. Ahora bien, cada persona debe aceptar el sacrificio de Jesús y exponerse al trato del Espíritu Santo para renovar el ser de forma integral: espíritu, alma y cuerpo; comprendiendo que la mente es una área clave para este proceso. 


Una de las formas en que podemos separarnos genética y emocionalmente, es por medio de la renovación de la mente. 


«No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.» Ro. 12:2 


La palabra renovación quiere decir volver algo a su primer estado original, reestablecer algo, sustituir o reemplazar una cosa vieja por otra nueva. 

Cuando el apóstol habla de renovar la mente exhorta a una metamorfosis dando a entender que podemos volver al estado de imagen y semejanza con el cual fue creado el hombre. 


Se trata de reestablecer los principios que Dios había depositado en el hombre en su creación, aprendiendo a sustituir los pensamientos: «Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad.» Fi. 4:8 


Es necesario fortalecer los pensamientos del espíritu que traerán paz y vida. Cada persona decide qué alimenta, si los deseos de la carne o los del espíritu. 


«Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu. Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz. Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios.» Ro. 8:5-8


La invitación es a identificar qué les moviliza internamente:


  1. Sentimientos, emociones y actitudes aprendidas de la familia;  

  2. Influencia de terceros; 

  3. Motivaciones propias o

  4. La Palabra de Dios y el Espíritu Santo. 


La presente enseñanza no pretende motivar a que abandones a la familia sino a identificar aquellos aspectos genéticos que nos alejan de los propósitos eternos y seguir el ejemplo de Jesús de poner la voluntad del Padre por encima de todo. 


Nuestro consejo: identifica y reconoce la herencia que te aleja de Dios. Toma la decisión de cambiar de mentalidad. 


Para mayor información ver las citas bíblicas: Mateo (Mt.) 10:37; Marcos (Mr.) 3: 21; 31-35; Romanos (Ro.) 5:17-19; 8:5-8; 12:2; 1 Corintios (1Co.) 1:25-29; Filipenses (Fi.) 4:8; 1 Pedro (1P) 1:18-19; Apocalipsis (Ap.) 5:9.