La Ley de Causa y Efecto.
Dios desde el principio estableció leyes, estatutos y ordenanzas que expresan su voluntad, sirven de límites y protección para que los hombres puedan vivir de acuerdo a sus planes eternos. Las leyes pueden ser acatadas o ignoradas, cada acción trae sus consecuencias, la calidad de vida dependerá de las decisiones que se toman a diario. Para comprender mejor el manejo de las leyes divinas es propicio conocer ¿Qué es una ley? El diccionario de la Real Academia Española expresa: Regla fija a la que está sometido un fenómeno de la naturaleza. Precepto dictado por la autoridad competente, en que se manda o prohíbe algo en consonancia con la justicia y para el bien de los gobernados. En el régimen constitucional, disposición votada por las cortes y sancionada por el jefe de Estado. Dios como la máxima autoridad estableció reglas, preceptos y disposiciones que no están sujetas a culturas terrenales sino a la cultura del Reino de los Cielos. Por otra parte, es importante conocer que las leyes divinas son un conjunto de reglas reveladas por Dios a los hombres, y escritas en las tablas del corazón. «Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo.» Jer. 31:33. Algunas de estas leyes nos llevan a destinos ineludibles, por ejemplo está previsto que el hombre muera una sola vez y que después de esto venga el juicio. «Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio» He. 9:27 En las escrituras vamos a encontrar diferentes leyes, de acuerdo a la relación de Dios con el hombre. Así encontramos que desde Adan hasta Moisés gobernó la muerte. «No obstante, reinó la muerte desde Adán hasta Moisés, aun en los que no pecaron a la manera de la transgresión de Adán, el cual es figura del que había de venir.» Ro. 5:14 Mientras que desde Moisés hasta el advenimiento del Señor Jesús el hombre se regía por las leyes recibidas en el monte Sinaí. «Más la Escritura lo encerró todo bajo pecado, para que la promesa que es por la fe en Jesucristo fuese dada a los creyentes. Pero antes que viniese la fe, estábamos confinados bajo la ley, encerrados para aquella fe que iba a ser revelada. De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe.» Gá. 3:22-24 Posterior a la venida del Señor Jesús vivimos en la ley de Cristo. «Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo.» Ga. 6:2. Así que todos los que hemos nacido de nuevo nos regimos por la ley de Cristo y por su gracia, teniendo en mente que en Cristo se cumple la ley y nos introduce a vivir bajo la guía del Espíritu. Una mejor comprensión de las escrituras nos permite disfrutar de la vida en Cristo a plenitud, considerando que Cristo no vino a abolir la ley sino a cumplirla (Mt. 5:17) y que él resumió la ley con las siguientes palabras: «Jesús le respondió: El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es. Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos.» Mr. 12:29-31 Por lo tanto, los hijos estamos llamados a amar a Dios y a nuestro prójimo, lo cual implica observar, obedecer y sujetarnos a los principios establecidos en las escrituras. Una máxima en las escrituras es que todo lo que sembramos eso vamos a cosechar. «No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará.» Ga. 6:7 «Mientras la tierra permanezca, no cesarán la sementera y la siega, el frío y el calor, el verano y el invierno, y el día y la noche.» Gn. 8:22 «Pero esto digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará. Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre. Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra; como está escrito: Repartió, dio a los pobres; Su justicia permanece para siempre. Y el que da semilla al que siembra, y pan al que come, proveerá y multiplicará vuestra sementera, y aumentará los frutos de vuestra justicia, para que estéis enriquecidos en todo para toda liberalidad, la cual produce por medio de nosotros acción de gracias a Dios.» 2 Co. 9:6-11 Este principio o ley se cumple en todos los aspectos de la vida, creamos o no en él, depende de cada personas si lo comprende y utiliza a su favor o en su contra. Todas las acciones tienen consecuencias. Todo hijo de Dios puede comprender que las acciones tienen consecuencias, hay una relación directa entre lo que hacemos y lo que recibimos. Todo lo que el hombre siembra eso cosechará, mucha gente se convierte a Cristo y espera que le vaya mejor, aunque algunas de las experiencias que tendrá son consecuencia de la vida de pecado que practicó. Dios perdona el pecado aunque es posible que las consecuencias del pecado permanezcan. Es necesario cambiar los ciclos de cosecha revisando lo que está sembrando. La siembra y la cosecha aplica para cualquier aspecto de nuestras vidas: Personal. Familiar. Social. Laboral Emocional. Espiritual. Financiero. «No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna. No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos.» Gá. 6:7-9 Es posible que hasta este momento de su vida haya vivido de forma independiente, haciendo las cosas que eran contrarias a la voluntad de Dios, sembrando actos de desobediencia y por ello tenga consecuencias. Es importante aceptar que muchas de las bendiciones que Dios ha reservado para sus hijos están condicionados a actos de obediencia, por lo que es necesario hacer un cambio de pensamientos, de conductas y hábitos, para activar nuevos ciclos de cosecha. Esta ley describe el principio de siembra y cosecha, toda acción provoca una reacción, por lo tanto, todo lo que hacemos genera una causa (estímulo, fuerza, energía, poder) y esta traerá una consecuencia positiva o negativa. Existen responsabilidades, si se cumplen, evaden, o ignoran tendrá una consecuencia o efecto. La maldición siempre viene por una razón: «Como el gorrión en su vagar, y como la golondrina en su vuelo, Así la maldición nunca vendrá sin causa.» Pr. 26:2 La riqueza y la pobreza está determinada en gran medida por la diligencia: «La mano negligente empobrece; mas la mano de los diligentes enriquece.» Pr. 10:4 Una vida de abundancia es producto de la honra a Dios: «Honra a Jehová con tus bienes, Y con las primicias de todos tus frutos; y serán llenos tus graneros con abundancia, y tus lagares rebosarán de mosto.» Pr. 3:9-10. Una razón por la cual tenemos pérdidas o ganancias es por obedecer a Dios: «¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? En vuestros diezmos y ofrendas. Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación toda, me habéis robado. Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde. Reprenderé también por vosotros al devorador, y no os destruirá el fruto de la tierra, ni vuestra vid en el campo será estéril, dice Jehová de los ejércitos. Y todas las naciones os dirán bienaventurados; porque seréis tierra deseable, dice Jehová de los ejércitos.» Mal. 3:8-12 El tiempo de vida puede determinarse por la honra a los padres: «Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da.» Ex. 20:12 Es fundamental comprender que los sucesos ocurren por una o múltiples razones, por esto es imprescindible ser guiados por el Espíritu Santo para caminar en la ley de Cristo. Nuestro consejo: cambia la manera de sembrar para recibir mejores y mayores cosechas, no es tarde aún hay tiempo. Ley de causa y efecto.
Ejemplos bíblicos:
Para mayor información ver las citas bíblicas: Génesis (Gn.) 8:22; Éxodo (Éx) 20:12; Jeremias (Jer.) 31:33; Proverbios (Pr.) 3:9-10; 10:4; 26:2; Malaquias (Mal.) 3:8-12; Mateo (Mt.) 5:17; Marcos (Mr.) 12:29-31; Romanos (Ro.) 5:14; 2 Corintios (2 Co.) 9:6-11; Gálatas (Gá.) 3:22-24; 6:2; 6:7; Hebreos (He) 9:27. 2da Corintios (2 Co.) 9:6 al 11.